En el colegio, yo tenía un grupo de amigos muy marcado. Dado que este blog también está dedicado a ellos, me parece lícito dedicarles una entrada.
Concretamente, mi gente más cercana en la infancia fueron la antes mencionada Esther, Gema, Paula y otra chica, que mantengo de momento en el anonimato. De pequeñas estábamos tremendamente unidas, todas nosotras. Conforme fuimos creciendo, aún en nuestra infantil soberbia, fuimos peleándonos. Esther empezó a juntarse con una amiga suya de las clases de pintura; tuvieron novios por internet con relaciones sentidas (al menos lo bastante para cruzarse media España para verse), y la muchacha se volvió gótica. Mantenemos una relación cordial; de hecho, creo que es mayor la efusividad de su madre cuando me ve por la calle que la suya propia. Gema, en cambio, fue a un instituto diferente al mío, y tuvo, si no me equivoco, la misma juventud que muchas chicas: abandonó la descuidada y cómoda infancia y se dio a sus maquillajes y arreglos. Se echó novio; llevan juntos muchísimo tiempo. De nuevo, mantenemos una relación cordial, aunque nos veamos de tanto en tanto. La tercera chica, Paula… tal vez sea la más conflictiva de todas. La chica se juntó con gente que no debía, y el divorcio de sus padres tampoco le sentó bien. Se volvió cani, se juntó con los malotes del pueblo y estuvo dando tumbos de aquí para allá sin rumbo fijo. Creo que se metió a trabajar con su padre, pero lo cierto es que no lo tengo claro. Corren muchos rumores respecto a ella, pero mi blog no trabaja con ellos, ya que no puedo afirmar que sean ciertos.
En cualquier caso, la última de las chicas se merece un señal para ocultarla a los ojos de la red. La llamaré… Leona. Leona era la más curiosa de todas nosotras: su madre le había enseñado mucho de esoterismo. Era divertida y tenía un gran desparpajo, cualidades que después se le acentuarían, dándole en verdad un gran encanto a su personalidad. Tocaba el piano, bailaba en el conservatorio… toda una pequeña artista, vaya. Tras abandonar la primaria e internarnos en ese mundo desconocido de la ESO perdí el contacto con ella, como con casi todas las demás, pero la casualidad volvería a reunirnos muchos años después.